El dilema de la góndola y el Excel: ¿Cuánto dura la paciencia social?
02 de marzo de 2026
En la Argentina de inicios de 2026, la polÃtica se juega en una zona de fricción entre dos realidades paralelas: la macroeconomÃa de los grandes números y la microeconomÃa del changuito. El último estudio nacional del mes de febrero de QSocial arrojó una cifra que deberÃa encender alarmas en los despachos oficiales: la percepción de inflación ha sufrido un recrudecimiento, escalando en apenas un mes del 58% al 65% el porcentaje de argentinos que consideran que los precios aumentaron mucho o bastante los últimos treinta dÃas. Siete puntos que no son solo estadÃstica, sino la confirmación de que la sensación de pérdida de poder adquisitivo ha vuelto a aparecer.
Según la misma investigación, la Argentina es un paÃs donde 7 de cada 10 ciudadanos recortaron gastos esenciales para llegar a fin de mes. No hablamos de postergar un viaje o un consumo de lujo; hablamos de la fragilidad financiera como norma del hogar. Si bien existe un leve movimiento en los ingresos —apenas un 29% dice que le alcanza para cubrir lo básico, 4 puntos por encima del mes anterior—, la realidad es que el bienestar doméstico permanece en un estancamiento rÃgido.
La disociación como sostén
Una de las razones que explica la popularidad del Presidente no es el bolsillo, sino una disociación cognitiva. Existe un segmento creciente que reconoce que los indicadores generales del paÃs están ordenándose. Ven la "pizarra" mejorar, pero advierten que ese progreso no tiene, hasta el momento, efecto derrame. El éxito macro es, para el ciudadano de a pie, un espectáculo que se mira por televisión pero que no se siente al pasar la tarjeta en la caja del supermercado.
Esta variable es el corazón de la tolerancia social hacia el programa de Javier Milei. El apoyo no es una "foto" de bienestar presente, sino un "crédito" otorgado a una expectativa futura. La gente no apoya porque vive mejor, sino porque cree que este es el rumbo para que, eventualmente, el orden llegue a su casa. Es una fe basada en el ordenamiento, no en el consumo.
Sin embargo, el ecosistema de apoyo tiene grietas claras. Mientras que el núcleo duro (MileÃstas y PRO) se alimenta de expectativas altas, el segmento independiente —aquel que define elecciones y humores sociales— se muestra escéptico. El 58% de los independientes no registra mejoras en el paÃs y solo un tercio percibe algún "brote verde" en su economÃa personal.
Esta expectativa social se relaciona con otro factor que los argentinos mencionan en nuestros estudios cualitativos. La base de apoyo al gobierno de Milei enfatiza la coherencia programática como un pilar de su gestión. Entre sus simpatizantes predomina la visión de un mandatario que “cumple con su palabra”, manteniendo la hoja de ruta pese a la dureza del contexto económico. AsÃ, el proceso de reforma y ajuste es validado por la opinión pública favorable, que lo interpreta como una etapa ineludible para dejar atrás la profunda crisis previa, lo cual retroalimenta la paciencia social.
No obstante, aquà reside el verdadero riesgo de cara al 2027. La brecha entre la expectativa y la experiencia cotidiana puede tener una fecha de vencimiento. Si la mejora general no se traduce en un alivio real, la distancia entre el éxito del "modelo" y el vacÃo de la heladera se convertirá en un foco de erosión del consenso social.
El consumo hoy es un ejercicio de supervivencia y pragmatismo: 6 de cada 10 argentinos ya migraron a marcas más baratas y el 70% dice que tiene que financiar sus gastos corrientes. El paÃs está en un compás de espera. Pero en polÃtica, como en la fÃsica, nada permanece en tensión para siempre. El desafÃo del Gobierno no es solo bajar la inflación o equilibrar las cuentas; es lograr que la "macro" deje de ser una abstracción y empiece a ser un hecho doméstico. Porque al final del dÃa, el electorado puede perdonar el ajuste, pero no la falta de resultados en el plato de comida.


