Noticiar

Apocalipsis 2025


16 de julio de 2025

Compartir esta nota en

Alejandro Garcia

Abogado y dirigente peronista 

Generalmente la palabra "apocalipsis" se interpreta como final del mundo, aunque proviene del griego antiguo y significa "revelación" o "descubrimiento".

¿Estaremos re“descubriendo” lo que ya anticipó Shakespeare en Macbeth: ”La vida no es más que una sombra que pasa, deteriorado actor que se oscurece y se agita durante horas en el escenario y de quien luego nada se sabe; es un cuento que dice un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada.”

Idiotas llenos de furia diciendo un cuento que nada significa. Pero que puede provocar daños irreparables. Alemania 1933… ¿Mundo 2025?

Tal vez haya que explorar algunas ideas poco felices en la historia de la humanidad, como la de que hay seres humanos “superiores” moral y estéticamente. Tal cosa fue base de un método de ejercicio del poder, una mezcla de pseudociencia y exacerbada sentimentalidad que produjo ideologías raciales que utilizaron interpretaciones darwinistas sociales de la raza para explicar la superioridad biológica, espiritual y lingüística de los europeos del norte (gente de bien) en discursos que se auto validan por mera repetición, muy ruidosa y furiosa: nazismo…

El método ahora resulta imitable por funcionarios o adherentes “liberales libertarios”, ya no referido a la raza sino a la ideología. Si Ud. cree que debe haber justicia social en este mundo, es Ud. un ser inferior. Y no se privan estos funcionarios de hacerle saber que no es Ud. suficientemente odiado, ni que sería preferible que su existencia fuera suprimida. Aún no se han explicitado los medios para lograrlo, pero alguien debe estar diseñándolo… ¿Soñando, quizá, con tanques en las calles otra vez? O sea, está en peligro el sistema democrático que importa justamente la confrontación de ideas entre “pares desiguales”.

La democracia no es cualquier cosa. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial ostenta un prestigio inigualable, tanto que incluso regímenes autoritarios se proclaman "democráticos”. Sin embargo, la noción de una democracia perfecta o "plena" jamás se ha materializado en la práctica. Por ello es, primordialmente, un ideal normativo y de profundo valor ético que exige ir más allá de visiones meramente formalistas y del umbral mínimo que representan las elecciones que, si bien cruciales, sólo ofrecen una instantánea borrosa y estática de un momento en el complejo entramado democrático. Para comprenderla a fondo se identifican cuatro caracteres centrales:

1) deliberación pública, se confrontan ideas;

2) se sustenta en instituciones de gobierno elegidas por el pueblo y rigurosamente reguladas por el control ciudadano; 

3) la legalidad es el marco inquebrantable que ordena y limita el poder, garantía de equidad y previsibilidad en la acción gubernamental; 

4) búsqueda de la Libertad y la Justicia, el objetivo primordial y la aspiración constante son la garantía y promoción de la libertad individual y la justicia social. Se subraya que la esencia de la democracia reside en el soporte ético de la sociedad: la libertad y la justicia. En definitiva, la democracia no es un mero conjunto de reglas, sino una constante búsqueda de un ideal de convivencia basado en principios inalterables.

Ahora bien, hay una muy antigua discusión alrededor de los valores de Justicia y Libertad. Hoy los defensores de la Libertad en tanto bien superior de la humanidad están muy combativos, por lo tanto, a los que nos toca defender a la Justicia nos han llamado a combatir por una supuesta superioridad, haciéndonos entender muy claramente cuál es el precio de no presentar batalla: seremos igualmente eliminados. No hay neutrales.

Aun así, no voy a mencionar una supuesta superioridad moral de los “justicieros” frente a los “libertarios”. Pero sí se puede mostrar la bajeza: un divulgador libertario en redes sociales ha sostenido que "cuando nosotros enseñamos nuestra ideología a los chicos, no es adoctrinamiento, es decirles la verdad, porque nuestra ideología es la ideología de la verdad, mientras que la ideología de los otros es la ideología de la fantasía, entonces ahí sí es adoctrinamiento".

Ud. puede decirse liberal y mirar hacia John Locke o Rousseau, o hacia Ayn Rand o Rothbard. En el primer caso mirará hacia la filosofía y hacia un aporte central en la historia de las ideas y de la política, occidentales al menos. En el segundo caso Ud. estará asistiendo a alguna clase de delirio.  Por ejemplo, con Locke y Rousseau Ud. como liberal estará del lado de los grandes impulsores del concepto de igualdad entre los hombres. En Locke es un principio fundamental que se refiere a la idea de que todos los seres humanos nacen libres e iguales, con derechos inherentes a la vida, la libertad y la propiedad. Rousseau argumentaba que la igualdad natural es un estado original del ser humano, pero que la sociedad civil y la propiedad privada generan desigualdades. La "voluntad general" en su teoría del contrato social busca crear leyes que beneficien a todos por igual, evitando la dominación de unos sobre otros.

Rothbard, en cambio, se opuso al igualitarismo y al movimiento por los derechos civiles, y culpó al voto y al activismo de las mujeres por el crecimiento del estado de bienestar. Elevó a Joseph McCarthy como modelo de estrategia política. Ayn Rand apenas escribió libros cómicos. Consideraba “enfermos mentales” a los que no pensaban como ella. Y escribió un libro llamado “La virtud del egoísmo”. Es extraño porque ese modo de pensar de adjudicar enfermedades al que no piensa como uno, habilita a pensar -como uno- que aquellos que ven virtud en el egoísmo sufren irrefutablemente una enfermedad grave del alma. Grave…

Tan grave como pensar que existen “parásitos mentales”, que ya ni siquiera son seres humanos enfermos… Los parásitos son organismos que viven a costa de otro de distinta especie.

Hablando de parásitos, cabría aquí la famosa cita de Adam Smith, "Las personas del mismo oficio rara vez se reúnen… sin que la conversación termine en una conspiración contra el público, o en algún artificio para elevar los precios", pareciera que el egoísmo de los mercaderes que conspiraran contra el público no era del agrado del moralista escocés. Para los rothbardianos que defienden los monopolios como virtuosos, Smith era un enfermo moralmente inferior, ya que según ellos "el único monopolio que es malo es el monopolio que está determinado por la fuerza del Estado”.

Lo que era antisistema es ahora el sistema.

 

Compartir esta nota en