Preguntas sobre un acuerdo que todavía no es
11 de marzo de 2025
La primera pregunta que surge es por qué el gobierno libertario se apresura a anunciar un acuerdo que todavía no está.
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La dramática experiencia que acumula la Argentina con sus crisis económicas y en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional hace notar que acá falta algo; nada más ni nada menos que el anuncio formal del organismo de crédito.
Aunque la memoria seguramente omite algunos pasos, el mecanismo habitual es que el FMI anuncie formalmente que se llegó a un entendimiento, que luego pasa a revisión de la mesa directiva del organismo para ser refrendado y recién entonces entra en vigencia.
Es decir, faltan varias semanas para que todo eso ocurra, aunque se descarta que ocurrirá, porque se trata de un acuerdo más vinculado a la política del gobierno de Donald Trump que a los parámetros económicos de la Argentina. Y el peso de Estados Unidos en el fondo es determinante para la toma de decisiones de esta magnitud.
Si no fuera un préstamo político no se entiende que la Argentina vaya a conseguir un nuevo desembolso luego de los 45.000 millones concedidos en 2018 al gobierno de Mauricio Macri, que se esfumaron como agua en el desierto y pusieron a la conducción del FMI en jaque.
Pero, más allá de las explicaciones y especulaciones geopolíticas, la primera pregunta que surge es por qué el gobierno libertario se apresura a anunciar un acuerdo que todavía no está.
Una primer respuesta posible es que está apurado, muy apurado, por decirle a los mercados internacionales que cuenta con los dólares para financiar los depósitos especulativos que están haciendo en la Argentina. Por eso parte de los 15.000 millones de dólares que prevé el acuerdo, según se anuncia, van al Banco Central. La tarasca está, sería el mensaje.
Esa urgencia explica que Milei haya decidido, a contrapelo de las normas constitucionales, recurrir al decreto de necesidad y urgencia (DNU) en lugar de que este sea refrendado por ambas cámaras del Parlamento. Ahora, seguramente asesorado sobre los costos de esa decisión, intenta enmendar esa situación enviando el decreto, según anunció hoy el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, pero eso no soluciona el desbarajuste institucional.
¿Si la economía está creciendo a partir de la inflación controlada a qué obedece el apuro? Esa otra pregunta que harían los buenos periodistas, si pudieran. Seguramente la respuesta sería una evasiva, pero tanta urgencia lo que expone es que el gobierno está urgido por conseguir dólares y, en busca de ese objetivo arrasa con todo lo que se le cruce.
No es algo que marquen sólo opositores encarnizados como Cristina Fernández de Kirchner, también lo hacen economistas más afines a los objetivos del gobierno, como pueden ser Carlos Rodríguez o el mismísimo Domingo Cavallo.
Por otro lado, ¿si la economía argentina está floreciendo, por qué no hay crédito privado internacional dispuesto a abonar ese crecimiento? El FMI siempre ha sido un prestamista de última instancia al que se recurre cuando todas las otras puertas están cerradas, por eso a lo largo de la historia ha puesto las condiciones que puso.
Cuando se descorra el velo que desde el Gobierno se intenta poner sobre las condiciones de estos nuevos desembolsos puede disparar nuevas preguntas y también nuevos traumas.
