Polarización o muerte, pero con recesión
15 de agosto de 2025
El Gobierno apuesta fuerte a polarizar con el kirchnerismo para contener a sus votantes no libertarios mientras controla la suba del dólar con políticas recesivas.
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Esta semana se confirmaron dos cosas. Una, política, es que el eje de la campaña de La Libertad Avanza será la búsqueda polarizar, no con el peronismo sino con el kirchnerismo, elevado a la categoría de espanto. La otra, económica, es que el parche de subir la tasa de interés a los bancos para mantener el dólar más o menos estable a cambio de más recesión durará hasta las elecciones, luego de eso, lo único que aparece en el horizonte es una devaluación con consecuencias duras.
El presidente Javier Milei confirmó en su discurso de este jueves, en el arranque que el eje de la campaña electoral que se realizó en La Plata, que la consigna será “kirchnerismo o libertad”.
Ya la semana pasada, cuando sacaron en Villa Celina la foto de los candidatos con campera violeta –incluídos los del PRO, que resignaron hasta el color- estaban detrás de una bandera que decía “Kirchnerismo Nunca Más”, con la provocación adicional de que la frase nunca más estaba en la mima tipografía que se usó en el libro del informe de la Conadep, que fue eje del histórico juicio a las juntas que gobernaron durante la dictadura militar.
Relacionar ese informe sobre el terrorismo de Estado con el kirchnerismo, que ni siquiera existía, o incluso con el peronismo, que no participó de la Conadep por entender que al poner en el mismo paquete a las organizaciones armadas de los ’70 convalidaba la teoría de los dos demonios, es un acto de mala fe, tan en boga en los tiempos que corren.
Pero, volviendo al presente, ¿por qué polarizar con el kircherismo?, básicamente porque al arrogarle a ese sector del peronismo la titularidad del arco opositor expone la división que anida entre las fuerza de la oposición. Apuesta entonces a contener a sus votantes, que mayoritariamente no son ni libertarios ni liberales, sino desencantados con los partidos tradicionales, que votan por rechazo sin mirar que la propuesta anticasta tiene mucho, muchísimo, de casta. El viejo divide y reinarás.
Pero lo más preocupante es lo que dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, que mientras Milei hablaba en el acto de La Plata, estaba con todo su equipo económico en el streaming Carajo, caballito de batalla mediático del oficialismo.
Allí, frente a la preocupación cada vez más pública de los economistas del establishment por la desmesura de las tasas de interés que el BCRA impone a los bancos, por medio de las Lefis, dijo que esto es algo que durará “hasta las elecciones”.
El economista Carlos Melconián, enfrentado con el gobierno pero claramente liberal, dijo en estos días que “el gobierno tiene que entender que va en su contra crear una expectativa devaluatoria después de la elección” del 26 de octubre.
Carlos Rodríguez, un aliado fuerte en los primeros pasos de Milei, fue aún más categórico: “Por qué, en vez de pagar tasas horribles en dólares, no dejan que el dólar llegue al techo y ahí lo mantienen usando el préstamo del FMI, que es infinitamente más barato”.
Tal vez Rodríguez no mide que eso sería un sinceramiento que tendría su costo en la inflación, que este mes dio 1,9%, sobre la base de un sistema de medición que cada vez resulta más irreal para la economía diaria de la gente.
El caso es que las tasas siderales para sostener más o menos quieto al dólar sin que se dispare la inflación es una apuesta de corto plazo, como lo dijo el propio ministro de Economía.
Si el BCRA sube las tasas de interés para el dinero que administran los bancos, además de subir los encajes, esto es el dinero que tienen que tener disponible las entidades, la alternativa que tienen los bancarios es subir la tasa de interés.
Esto, en un país que ya viene en recesión y donde muchas empresas, sobre todo las pyme, se están endeudando para pagar salarios, hará que las que no ajustaron ajusten. Esto es, que al no poder bancar las tasas a las que obtienen dinero para funcionar ajusten la producción, demoren pagos, despidan a trabajadores. Un combo ya conocido a lo largo de la historia contemporánea de la Argentina. La pregunta es si se llegará a las elecciones con esta bomba de tiempo en marcha.
¿Y si gana las elecciones, que es una opción que está abierta? Está aún fresco en la memoria que Mauricio Macri obtuvo una victoria contundente en las legislativas de 2017, pero llegó a 2019 pidiendo la tohalla y no consiguió ser reelecto.
A contrapelo de la remanida frase que popularizó el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton, “es la economía, estúpido”, la historia de Argentina muestra que cada vez que los economistas tomaron el timón de las decisiones política de un gobierno, el resultado fue dramático.
